El año 2019, en materia económica, no ha sido un buen año para los países de América Latina y el Caribe, las convulsiones políticas, demandas sociales, en muchos países latinoamericanos ha sido la constante, lo hemos visto en Bolivia, Chile, Colombia, con expresiones de descontento bastante generalizadas, expresando tras de ello grandes problemas estructurales. México no la pasa muy bien, Argentina con desequilibrios fiscales y ajuste económico. Brasil, tuvo que afrontar grandes incendios en su Amazonía, y su economía tampoco despega. En el Perú, aunque con calma, se cerró el Congreso de la República y habrá elecciones para un nuevo parlamento, en general la mayoría de países han experimentado sobresaltos que afectaron la economía y fueron disminuyendo los índices de crecimiento económico. A ello, se agrega el comportamiento errático de la demanda mundial, deprimida, seguramente muy afectada por medidas proteccionistas de los grandes bloques económicos, guerra comercial entre EEUU y China, que esperamos entre a un proceso de tregua, ha sido la constante.
Las estimaciones de CEPAL para fin de año, auguran un magro desempeño regional, con tendencia a la baja el 2019, e incluso el 2020. En el mes de noviembre pasado el organismo revisó las estimaciones de crecimiento del PBI regional, para el 2019, estimando un 0,1% de crecimiento promedio para América Latina y el Caribe, vaya resultados, cifra aún menor al 0,5% del año 2018. Incluso las expectativas para el 2020, dan un crecimiento del PBI que no superaría el 1,4%.
Según CEPAL, la región cumpliría un periodo superior al quinquenio de bajos crecimientos que a su vez tienen un impacto a la baja en el crecimiento del PBI per cápita regional. Este comportamiento negativo y de desaceleración se presenta en la mayoría de países, incluidas las economías de América del Sur, en donde está nuestro país, regiones productoras principalmente de bienes primarios como minerales, petróleo y productos alimenticios.
El comercio mundial deprimido afecta las exportaciones, con impactos negativos no sólo en los volúmenes de exportación sino también en los precios de los principales productos, y materias primas que exhiben una tendencia a la baja, los flujos financieros son más escasos, y con mayor volatilidad e incertidumbre. Las debilidades de la demanda externa obligan a los países un impulsar un mayor dinamismo de la demanda interna, consumo e inversión, sin embargo, como en un círculo no virtuoso, estos componentes no despegan, especialmente la inversión, tanto pública como privada. El comportamiento económico de la mayoría de países de la región no es el mejor, 17 de 20 países exhiben desaceleración de su ritmo de crecimiento en el 2019, según CEPAL, las perspectivas no son las mejores, y obligará a repensar la política económica regional, y la necesidad de implementar cambios estructurales tendentes a disminuir los altos niveles de desigualdad existentes en los países de la región.
Frente a este, no tan promisorio comportamiento regional, el crecimiento de la economía peruana superior al 2,0%, lo ubica como una estrella de la región, considerando el bajo crecimiento (0,1%) en el promedio regional. Esos dos puntos porcentuales, a pesar de estar en los niveles más bajos de crecimiento económico peruano, en la última década, es una de las mejores cifras frente al promedio regional. Al mes de octubre del año 2019, la economía peruana en términos acumulados, creció en 2,2%, impulsada principalmente por las actividades primarias y los servicios que vienen agregando a un ritmo importante y superior al promedio. El reto peruano es elevar la inversión pública y generar incentivos mayores a la inversión privada con miras a apuntalar el crecimiento. El PBI peruano se incrementó en 2,09%, en octubre del presente año, sumó 123 meses de evolución positiva; y en el periodo enero-octubre 2019 la actividad productiva aumentó en 2,16%. Se espera el año se cierre con cifras superiores al 2,3%. Estos resultados fueron acompañados por el crecimiento de las exportaciones, en 8,50%, tanto de productos tradicionales como el cobre, plomo, hierro, harina de pescado; así como de productos no tradicionales pesqueros y agropecuarios. De igual modo, incidió el mayor consumo de los hogares asociado a las mayores ventas al por menor (3,09%), el incremento de los créditos de consumo (12,87%) y la importación de bienes de consumo no duradero (4,71%), en el mes de octubre.
Es importante destacar que el crecimiento económico peruano, en lo que va del año, estuvo liderado por el sector Servicios, que a su vez aporta cerca de la mitad del PBI peruano. El sector Secundario creció 0,08%; mientras que disminuyó la producción del sector Primario (-0,04%). Así, estamos en materia económica cerrando el año. Hay mucho por hacer aún, en este campo, y uno de los motores será el impulso de la construcción, mejorando la infraestructura sectorial, que será, a su vez, palanca para un mayor crecimiento económico. Frente a otras economías de Latinoamérica, las perspectivas económicas del Perú, son definitivamente mejores.

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